"Corría el año 1869 y dos tiburones de Wall Street Jay Gould y Jim Fisk, se les ocurrió la idea más loca del siglo XIX: ¡acaparar TODO el oro de Estados Unidos!. Pero el plan les salió fatal, el viernes 24 de septiembre de 1869 el gobierno olió la jugada, Grant ordenó vender millones en oro del Tesoro y ¡BUM! El precio se desplomó y la Bolsa de Nueva York colapsó, el mercado se hundió y ese día pasó a llamarse… ¡el primer “Black Friday” de la historia! Sí, el original era un viernes NEGRO porque todo el mundo perdió la camisa (literal, algunos vendieron hasta la ropa para pagar deudas). Ese fue el Black Friday 1.0.
Gould y Fisk, los muy sinvergüenzas, lograron salvar casi todo su dinero gracias a contactos y maniobras legales. ¡Nunca fueron a la cárcel!.
Pasaron casi cien años y nos ubicamos en Filadelfia en 1961. Imagina la escena: es el día después de Acción de Gracias. Todo el mundo ha comido pavo hasta reventar, ha visto fútbol americano y ha decidido que es el momento perfecto para… ¡ir de compras Navideñas!. De repente, miles de personas de los suburbios invaden la ciudad para ver el partido anual Ejército-Marina y, de paso, arrasar con las tiendas del centro. Los pobres policías de Filadelfia trabajaron turnos de 12 horas, había atascos de 10 kilómetros, ebrios cantando himnos universitarios, carteristas haciendo de las suyas y abuelas peleándose por el último adorno de árbol. Los agentes, agotados y con ojeras hasta el suelo, empezaron a llamar a ese viernes “Black Friday” y al sábado siguiente “Black Saturday”. No era por las rebajas… ¡era porque querían llorar!. Ese fue el Black Friday 2.0.
La revista “Public Relations News” cuenta que los policías pedían refuerzos porque “los compradores vomitaban en las aceras, los autobuses no pueden pasar y los caballos de la policía montada se asustan con tanto papel de regalo volando”. ¡Un caos total!
Las tiendas, al principio, odiaban el nombre: “¡suena fatal!”. Hasta que algún genio del marketing en 1980 dijo: “Oye, y si decimos que ‘black’ es porque pasamos de números rojos a números negros (ganancias) en los libros contables?”. ¡Bam! Magia comercial. De repente, el día más negro del año se convirtió en el día más brillante para los comerciantes. Y entonces llegó el momento épico entre 1980-1990 las grandes cadenas (Macy’s, Sears, Walmart) empezaron a abrir a las 6 de la mañana con descuentos brutales. La gente hacía cola desde la noche anterior con mantas y café. Ese fue el Black Friday 3.0. como los que conocemos hoy en día.
En 2005, una señora en Florida esperó 14 horas por una tele de 200 dólares… ¡y se la llevó corriendo como si huyera de un dragón!
En 2011 nació el “Black Thursday” cuando algunas tiendas abrieron el mismo jueves de Acción de Gracias. Hubo protestas: “¡Dejadnos terminar el pavo!”. Pero el dinero habló más alto.
En Chile, el 2013, en un Mall de Santiago se armó la de San Quintín porque Falabella puso una tele LED de 42” a 99.990 pesos. La gente rompió las barreras de seguridad, hubo empujones, llantos y hasta una señora que llegó con su silla de playa a las 4 de la mañana gritando “¡yo soy la reina del camping!”. Al final, solo habían 8 teles… y una terminó en manos de un joven que la revendió en un portal de ventas online a 500 mil esa misma tarde.
En Reino Unido, 2014, el “Black Friday británico” fue tan salvaje que lo bautizaron “Black Eye Friday” (o viernes del ojo morado según otros): peleas en las filas de Tesco y Asda, policías con cascos antidisturbios dentro de los supermercados y vídeos virales de dos señoras peleándose por una freidora de aire como si fuera el último pan en la guerra.
Y en Japón, donde la gente es normalmente ordenadísima, en 2016 Rakuten puso ofertas tan brutales que se formaron filas… ¡pero filas japonesas! Todos en silencio, haciendo reverencias mientras esperaban un robot aspirador. El único escándalo fue un señor que se saltó la fila y casi provocan un hara-kiri colectivo de vergüenza ajena.
Y llegó la pandemia… y con ella, el Black Friday online. De repente, ya no hacía falta pisotones: bastaba con refrescar Amazon a las 00:00 con los pijamas puestos y un trozo de tarta en la mano. ¡El sueño!. Algunos le llaman el Black Friday 4.0.
En Australia (que ni siquiera celebra Thanksgiving) se subieron al carro igual. En 2018, el sitio de Myer colapsó tanto que la gente empezó a tuitear memes de canguros llorando y koalas ¡actualizando la página cada 3 segundos!.
Esa historia nos muestra la creatividad del hombre, que con un origen oscuro del Black Friday lo transformó en una fiesta para conseguir buenos regalos cercanos a Navidad!.
Y tu ¿ya estás preparado para aprovecharlo?
