EL ORIGEN DE TODO: JESUS

Hace más de 2000 años, en una humilde gruta de Belén —una pequeña ciudad de la antigua Palestina, hoy en los territorios sagrados del Medio Oriente, no ajenos a disputas que duran siglos y parecieran no terminar — nació Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías prometido y Salvador de la humanidad. Su llegada, anunciada por ángeles y guiada por una estrella, reunió a pastores sencillos y a sabios de lejanas tierras como Persia o Arabia. Esa noche marcó el comienzo de una historia de amor que, con el tiempo, abrazaría a todos los pueblos del mundo en un día que el mundo se une, para predicar la paz y armonía mundial junto a los seres queridos.

LA LLEGADA DEL SANTO NICOLAS y sus expresiones

Pero la Navidad también lleva en su corazón otra figura llena de ternura: San Nicolás, que nació alrededor del año 270 d.C. en Patara, una ciudad del Imperio Romano ubicada en la costa de lo que hoy es Turquía. Fue obispo de la cercana ciudad de Myra, y su fama de generosidad —especialmente con los niños y los pobres— lo convirtió en un santo muy querido. Su fiesta se celebra el 6 de diciembre, y su espíritu de dar en secreto y con alegría viajó por Europa: en los Países Bajos se le llamó “Sinterklaas”, en Alemania “Weihnachtsmann”, que viene siendo en español “Santa Claus o Papá Noel”.

Con los siglos, estas tradiciones se entrelazaron con costumbres locales: en Escandinavia, los renos y los trineos evocaban los inviernos nevados; en Latinoamérica, las posadas y los nacimientos recordaban el camino de José y María; en Filipinas, las misas de gallo unían Fe y Familia; y en África, las danzas y cantos celebraban al Niño Jesús con colores y ritmos propios. Aunque los nombres, ropas y leyendas varíen, todas ellas inspiradas en Jesús, comparten lo mismo: el deseo de regalar amor, esperanza y alegría.

CHILE y sus expresiones

Entre esos pueblos está Chile. Aquí, la Navidad llegó de la mano de los misioneros españoles en el siglo XVI, quienes trajeron la fe católica y la costumbre del “pesebre” o “nacimiento”. Con los años, los chilenos hicieron suya esta fiesta con una mezcla de devoción y alegría: se encendieron las primeras “luminarias” en las ventanas, se cantaron los primeros villancicos en mapudungun y castellano, y nacieron las “misas de gallo”, donde familias enteras —desde Arica hasta Punta Arenas— se reúnen al alba del 25 de diciembre para celebrar al Niño Jesús con cánticos, tambores y hasta cuecas navideñas.

También en Chile llegó, con el tiempo, Papá Noel pero llamado cariñosamente “Viejito Pascuero”, su trineo parece volar sobre los Andes, y acá el prefiere las empanadas y la leche y las galletas.

Así, la Navidad nos une más allá de fronteras: somos diferentes, pero juntos celebramos lo mismo: el milagro del amor hecho niño. con Fe, Familia, y el corazón chileno lleno de alegría ¡Feliz Navidad para los hombres de buena voluntad!